Pasada la primera etapa de Věra Chytilová, la directora checa retoma en Something Different (1943), esas historias de mujeres contemporáneas desde una perspectiva más realista y determinista sobre el futuro de sus protagonistas.
A través de la dualidad y una comparativa de las vidas de sus protagonistas, Věra reflexiona sobre el poder que ejerce la sociedad sobre la conciencia individual de los seres humanos. En concreto, en la vida de estas dos mujeres, la sociedad acaba por devolverlas al punto de partida una vez ya han conseguido liberarse de esas ataduras y cometidos sociales que carga el mero hecho de ser mujer.
De este modo, nos presenta una primera historia más clásica a nivel narrativo, sobre una ama de casa sobreexplotada e ignorada por su propia familia, que vive bajo la frustración de tener que estar en todo y aguantar el desprecio continuo recibido por parte de su marido.
Por otro lado, la segunda historia está plasmada con un lenguaje más experimental que acerca a Chytilová hacia lo que va a ser su época dorada dentro de la Nova Vlna. En ella, narra la historia de una gimnasta a punto de retirarse, la cual intenta alargar lo máximo posible el tiempo como competidora, llevando la contraria a su círculo cercano.
A diferencia de la ama de casa, la gimnasta se muestra a través de un montaje de tipo “collage” de diversos planos detalle de su cuerpo haciendo los diversos ejercicios que se le indican. De ese modo, se va deshumanizando a la protagonista, que poco a poco se va convirtiendo en un pájaro a través de unos planos picados que rozan el cenital.
Experimentación: Daisies (1966) y La Fruta del Paraíso (1970)
A partir de la mitad de los 60s, y contemporáneo a la Primavera de Praga, Vera sufre un periodo de experimentación mucho más extremo, donde lleva a término la forma y temas de sus películas.
Su temática para con las mujeres se vuelve mucho más evidente. Ahora, sus protagonistas reniegan consciente y activamente de la sociedad que las rodea, y buscan esta liberación remitiéndose al pasado.
Se trata de una vuelta al pasado que sufren como individuos: con un retorno a la niñez (entendiéndose esta como una infantilización de las conductas de sus protagonistas). Y también como especie, con la reinterpretación de la historia más antigua (la creación de la mujer y el hombre).
Todos estos conceptos aunados bajo un término: el primitivismo, el retorno individual y colectivo a los orígenes del hombre.
La experimentación de la forma cinematográfica supone en Věra Chytilová encontrar una vía para profundizar en sus teorías y comenzar una revolución a través de sus películas, encontrando un claro paralelismo entre la autora y las protagonistas de sus historias.
“¿Importa? No importa”, es la pregunta existencial que propone la directora checa a lo largo de Daisies (1966); hilando una satírica y ácida comedia de carácter absurdo en la que, dos jóvenes Marías encuentran en la destrucción, la gula y su sexualidad, un divertido pasatiempo que les libera de ese corrupto mundo y sus absurdas normas.
La deshumanización de las Marías propone el inicio de la experimentación con el color, inspirada y ayudada por su marido Karel Ludwig. Tal y como si la película se tratara de un cuaderno de colorear en el que las Marías juegan a salirse de los contornos continuamente, buscando la provocación tanto de su diégesis, como del mundo real.
Es entonces dónde entra la secuencia del bar, en la que ambas Margaritas juegan a transgredir y perturbar a los presentes a través de un plano frontal encuadrado por el marco de una ventana que simula ser un escenario.
Para completar la figura de las Marías, Chytilová retoma el uso de los pecados capitales que ya utiliza en Ceiling (1962) con la lujuria, o A Bagful of Fleas (1962) con la gula; siendo éstos el arma catalizadora de la efímera liberación de las Marías.
La Fruta del Paraíso (1970)
La razón del primitivismo reside en un estado utópico en el que los individuos civilizados incursionan en la naturaleza. Van en busca de sus orígenes más salvajes, y con ellos la liberación de toda moral impuesta por la sociedad de la época.
Este lugar, al margen del resto del mundo, se encuentra retratado en una pequeña comunidad de la campiña checa, en La fruta prohibida del paraíso (1970).
La obra nos alude a nuestra historia más antigua, una versión más distante, incluso corrompida del origen del hombre y la mujer: Adán y Eva.
La obra comienza con una introducción de los primeros humanos, representados como canónicamente se les conoce: desnudos en medio de la naturaleza. Ya desde el principio los conceptos de humano y naturaleza se entremezclan, llegando a conformar uno solo.
Tras esta introducción se nos presentan a nuestros verdaderos protagonistas: una versión aburguesada de Adán y Eva, rodeados por un paisaje bucólico europeo.
En este momento cae una manzana y la tentación de Eva aflora ante sus ojos. Una tercera persona aparece, Roberto, y con él, Eva experimenta un despertar sexual.
El final de La fruta del paraíso (1970) sigue la misma línea que Daisies (1966), dejando atrás los finales más positivos que tenían sus anteriores obras. Y, pese a estar en un universo mucho más experimental, la cinta tiene uno de los cierres más crudos y reales.
Tras arrepentirse, y quizás con miedo a alejarse de toda norma que conoce, Eva vuelve al Edén, al lugar seguro donde todo tiene un orden. Pero ahora es una mujer distinta, ha salido de los límites morales impuestos, y debe pagar las consecuencias, no pudiendo existir en una sociedad fuera de sus normas.